una cara, un borde

miércoles, junio 13, 2012





si la intransferible llegara con su espejo mañana
y su voz hemisférica
me quitaría la ropa
a lo mejor hubiera podido pillarme disolviendo, como era costumbre
una espuma hormonal en los cabellos
supongo que tiraría fuertemente de mi esternocleidomastoideo
pero no se burlaría
si me mandara una tarjeta de visita
lavaría los platos
pondría agua a los perros
no atrasaría el reloj
cuando esté a punto de dejarme ciega
estallaré los meses y los días
y vertiré todas las preguntas en un único embudo



lunes, julio 25, 2011

El elogio de la sombra - Tanizaki (segunda parte)



Aquí continúan y finalizan las citas.


“Si en la casa japonesa el alero del tejado sobresale tanto es debido al clima, a los materiales de construcción y a diferentes factores sin duda”.

“En realidad, la belleza de una habitación japonesa, producida únicamente por un juego sobre el grado de opacidad de la sombra, no necesita ningún accesorio. Al occidental que lo ve le sorprende esa desnudez y cree estar tan sólo ante unos muros grises y desprovistos de cualquier ornato, interpretación totalmente legítima desde su punto de vista, pero que demuestra que no ha captado en absoluto en enigma de la sombra”.

“Ahora bien, precisamente esa luz indirecta y difusa es el elemento esencial de la belleza de nuestras residencias. Y para que esta luz gastada, atenuada, precaria, impregne totalmente las paredes de la vivienda, pintamos a propósito con colores neutros esas paredes enlucidas. (…) las paredes de las habitaciones casi siempre se enlucen y muy pocas veces son brillantes. Porque si brillaran se desvanecería todo el encanto sutil y discreto de esa escasa luz.”

“A nosotros nos gusta esa claridad tenue, hecha de luz exterior y de apariencia incierta, atrapada en las paredes de color crepuscular y que conserva apenas un último resto de vida. Para nosotros, esa claridad sobre una pared, o más bien esa penumbra, vale por todos los adornos del mundo y su visión no nos cansa jamás.”

“…experimentamos el sentimiento de que el aire en esos lugares encierra una espesura de silencio, que en esa oscuridad reina una serenidad eternamente inalterable. En definitiva, cuando los occidentales hablan de los “misterios de Oriente”, es muy posible que con ello se refieran a esa calma algo inquietante que genera la sombra cuando posee esa cualidad”.

“ A menudo me detengo ante un shoji para contemplar la superficie del papel, iluminada pero sin resultar por ello deslumbrante. (…) Los umbríos recovecos que se forman en cada compartimiento del apretado armazón del marco de los shoji parecen sendos rastros polvorientos y sugieren una impregnación del papel, inmutable para toda la eternidad. En esos momentos, llego a dudar de la realidad de esa luz de ensueño y guiño los ojos. Porque me produce el efecto de una ligera bruma que embotase mis facultades visuales.”

“…los reflejos blanquecinos del papel rebotan en cierta manera sobre esas tinieblas, desvelando un universo ambiguo donde sombra y luz se confunden. Ustedes, lectores, no han experimentado nunca, al entrar en alguna de esas salas, la impresión de que la claridad que flota, difusa, por la estancia no es una claridad cualquiera sino que posee una cualidad rara, una densidad particular? Nunca han experimentado esa especie de aprensión que se siente ante la eternidad, como si al permanecer en ese espacio perdieras la noción del tiempo, como si los años pasaran sin darte cuenta, hasta el punto de creer que cuando salgas te habrás convertido de repente en un viejo canoso?”.

“Porque en aquellas residencias pobremente iluminadas, el oro desempeñaba el papel de un reflector”.

“Anteriormente me referí al hecho de que las lacas decoradas con oro molido estaban hechas para ser vistas en lugares oscuros; esto no sólo es válido para las lacas: si en los teidos antiguos se usaban con profusión hilos de oro y de plata, es evidente que se hacía por la misma razón.”

“En una palabra, nuestros antepasados, al igual que a los objetos de laca con polvo de oro o de nácar, consideraban a la mujer un ser inseparable de la oscuridad e intentaban hundirla tanto como les era posible en la penumbra; de ahí aquellas mangas largas, aquellas larguísimas colas que velaban las manos y los pies de tal manera que las únicas partes visibles, la cabeza y el cuello, adquirían un relieve sobrecogedor.”

“Pero por qué esta tendencia a buscar lo bello en lo oscuro sólo se manifiesta con tanta fuerza en los orientales? Hasta hace no mucho tampoco en Occidente conocían la electricidad, el gas o el petróleo pero, que yo sepa, nunca han experimentado la tentación de disfrutar con la sombra; desde siempre, los espectros japoneses han carecido de pies; los espectros de Occidente tienen pies, pero en cambio todo su cuerpo, al parecer, es translúcido. Aunque sólo sea por estos detalles, resulta evidente que nuestra propia imaginación se mueve entre tinieblas negras como una laca, mientras que los occidentales atribuyen incluso a sus espectros la limpidez del cristal. Los colores que a nosotros nos gustan para los objetos de uso diario son estratificaciones de sombra: los colores que ellos prefieren condensan en sí todos los rayos del sol.”

“Ha visto usted alguna vez , lector, “el color de las tinieblas a la luz de una llama”? Están hechas de una materia diferente a la de las tinieblas de la noche en un camino y, si me atrevo a hacer una comparación, parecen estar formadas de corpúsculos como de una ceniza tenue, cuyas parcelas resplandecieran con todos los colores del arco iris. Me pareció que iban a meterse en mis ojos y, a pesar mío, parpadeé.”

“Ahora bien, esas “tinieblas sensibles a la vista” producían la ilusión de una especie de bruma palpitante, provocaban fácilmente alucinaciones, y en muchos casos eran más terroríficas que las tinieblas exteriores”.

“A decir verdad, he escrito esto porque quería plantear la cuestión de saber si existiría alguna vía, por ejemplo, en la literatura o en las artes, con la que se pudieran compensar los desperfectos. En lo que a mí respecta, me gustaría resucitar, al menos en el ámbito de la literatura, ese universo de sombras que estamos disipando… Me gustaría ampliar el alero de ese edificio llamado “literatura”, oscurecer sus paredes, hundir en la sombra lo que resulta demasiado visible y despojar su interior de cualquier adorno superfluo. No pretendo que haya que hacer lo mismo en todas las casas. Pero no estaría mal, creo yo, que quedase aunque sólo fuese una de ese tipo. Y para ver cuál puede ser el resultado, voy a apagar mi lámpara eléctrica.”



sábado, julio 23, 2011

El elogio de la sombra - Tanizaki (primera parte)


A propósito de la visita de Luca Pagliari a Venezuela y del taller de fotografía estenopeica "Elogio de la Sombra" que dictará entre el 29 y 31 de julio, como parte del proyecto Trocadero y gracias a la iniciativa de Roberto Mata Taller de Fotografía, encuentro oportuno compartir algunos pasajes de ese maravilloso libro de Tanizaki.

“…siempre hemos preferido los reflejos profundos, algo velados, al brillo superficial y gélido; es decir, tanto en las piedras naturales como en las materias artificiales, ese brillo ligeramente alterado que evoca irresistiblemente los efectos del tiempo. (…) el lustre de la mano, los japoneses dicen “el desgaste”: el contacto de las manos durante un largo uso, su frote, aplicado siempre a los mismos lugares, produce con el tiempo una impregnación grasienta; en otras palabras, ese lustre es la suciedad de las manos.”

“Vivir en un edificio o entre utensilios que posean esa cualidad, curiosamente nos apacigua el corazón y nos tranquiliza los nervios”.


“…la luz incierta de las velas era la que de verdad realzaba la belleza de las lacas japonesas”.

“En realidad se puede decir que la oscuridad es la condición indispensable para apreciar la belleza de una laca”.

“En la actualidad también se fabrican lacas blancas pero, de siempre, la superficie de las lacas ha sido negra, marrón o roja, colores estos que constituyen una estratificación de no sé cuántas “capas de oscuridad”, que hacían pensar en alguna materialización de las tinieblas que nos rodeaban”.

“Cuando los artesanos de antes recubrían con laca esos objetos, cuando trazaban sobre ellos dibujos de oro molido, forzosamente tenían en mente la imagen de alguna habitación tenebrosa y el efecto que pretendían estaba pensado para una iluminación rala; si utilizaban dorados con profusión, se puede presumir que tenían en cuenta la forma en que destacarían en la oscuridad ambiente y la medida en que reflejarían la luz de las lámparas. Porque una laca decorada con oro molido no está hecha para ser vista de una sola vez en un lugar iluminado, sino para ser adivinada en algún lugar oscuro, en medio de una luz difusa que por instantes va revelando uno que otro detalle, de tal manera que la mayor parte de su suntuoso decorado, constantemente oculto en la sombra, suscita resonancias inexpresables.”

“Además, cuando está colocada en algún lugar oscuro, la brillantez de su radiante superficie refleja la agitación de la llama de la luminaria, desvelando así la menor corriente de aire que atraviese de vez en cuando la habitación, e incita discretamente al hombre a la ensoñación. Si no estuviesen los objetos de laca en un espacio umbrío, ese mundo de ensueños de incierta claridad que segregan las velas o las lámparas de aceite, ese latido de la noche que son los parpadeos de la llama perderían seguramente buena parte de su fascinación. Los rayos de luz, como delgados hilos de agua que corren sobre las esteras para formar una superficie estancada, son captados uno aquí, otro allá, y luego se propagan, tenues, inciertos y centelleantes, tejiendo sobre la trama de la noche un damasco hecho con dibujos dorados.”

“…desde que destapas un cuenco de laca hasta que te lo llevas a la boca, experimentas el placer de contemplar en sus profundidades oscuras un líquido cuyo color apenas se distingue del color del continente y que se estanca, silencioso, en el fondo. Imposible discernir la naturaleza de lo que hay en las tinieblas del cuenco pero tu mano percibe una lenta oscilación fluida, una ligera exudación que cubre los bordes del cuenco y que dice que hay un vapor y el perfume que exhala dicho vapor ofrece un sutil anticipo del sabor del líquido antes de que te llene la boca.”


Definición de "laca" (tomado de Wikipedia):

Secreción resinosa y translúcida producida por el insecto Laccifer lacca, de donde toma el nombre, que habita sobre varias plantas, sobre todo en la India y el este de Asia. Dicha secreción se halla pegada a las ramas de la planta invadida, y en ella está encerrado el insecto durante casi toda su vida. Una vez recolectada, molida y cocida con otras resinas y minerales, se convierte en goma laca, usada en barnices (transparentes o coloreados), tintas, lacres, adhesivos, etc.



domingo, junio 12, 2011

Paraguaná: Dilemas Luminiscentes. Fotografías de José Ramírez


En el marco de la reapertura del Museo Alejandro Otero, José Ramírez, fotógrafo, docente y amigo, expone en la Sala 6 sus imágenes de Paraguaná, las mismas que fueran donadas hace poco tiempo al archivo de la Biblioteca Nacional.

Son 25 imágenes en blanco y negro, formato 6 x 6, en parejas unidas lúcidamente por Yuri Liscano, a excepción de "La mañana", que ganara el Primer Premio en la Bienal Nacional de Fotografía 2008 y que pudiera decirse abre la muestra o es el vértice de la misma. Las copias estuvieron a cargo de Laura Morales Balza.

Son imágenes hermosísimas, impecables desde el punto de vista técnico y compositivo. No parece haber nada que el fotógrafo dejara al azar: la precisión en los encuadres, el balance de tonos, el manejo de las proporciones y los subtemas que aborda, configuran un discurso perfectamente hilvanado que constituye un registro invalorable, una "memoria con alma" como se lee en el texto que acompaña la muestra y que según tengo entendido, fue escrito por Igor Barreto.

A nivel personal, siento que redescubro y reconozco Paraguaná a través de la mirada de José. Es una mezcla de sorpresa inverosímil y familiaridad, como cuando uno vuelve a las páginas de un libro leído hace ya mucho tiempo.

Por otro lado, es una reconciliación con la fotografía Documental, que confieso venía dejándome un sabor seco en la boca, como una falta de fe y que a través de esas imágenes, recupera un sabor nectarino, aterciopelado y persistente.

Me permito sugerir que visiten la Sala 6 y las demás salas del Museo Alejandro Otero. Muy probablemente saldrán reflexivos, reconfortados y muy agradecidos.





domingo, mayo 29, 2011

Desnudos


Hace semanas vengo preparándome para hacer la fotografía de un pequeño colectivo desnudo. Había construído la escena en mi cabeza cientos de veces. Finalmente, llegó el día de la toma.

Durante el tiempo de preparación así como al momento de la toma, recurrían en oleadas las palabras de Nelson Garrido en el Taller de Experimental I en la ONG. Escribo estas líneas desde el agradecimiento y la necesidad de compartir dos de sus recomendaciones que al ser puestas en práctica, terminaron de adquirir toda su potencia, relevancia y sentido.

El que hace la fotografía de desnudo, tendría que haberse puesto previamente desnudo frente a la cámara, para un retrato (hecho por "el otro") o para un autorretrato. Preferiblemente para ambos. Esto implica el reconocimiento y la aceptación del propio cuerpo y una posible liberación que termina de completarse cuando se ven las imágenes sobre el papel y se comparten. Implica también aproximarse en carne propia a lo que quizás sentirá nuestro sujeto y recibir su desnudez con un profundo respeto.

En segundo lugar, recuerdo (o escucho) a Nelson decir: "yo me desnudo cuando hago fotografía de desnudos para estar en igualdad de condiciones con mi sujeto". Ese gesto de solidaridad y humildad, acaso completamente inesperado para nuestro sujeto, permite que termine de desaparecer cualquier temor o verguenza, que se bajen las defensas y que a partir de ahí, nuestro sujeto se desenvuelva con naturalidad.

Hoy, estas dos recomendaciones me parecen fundamentales, ineludibles.



martes, mayo 10, 2011

Divertimento





(quizás, mientras se mira: http://bit.ly/F6745 )





lunes, mayo 02, 2011

Disidencia







Cuando difuminarse era definirse. O a la inversa.
Cuando excluirse era exponerse. O a la inversa.
Cuando había que radicalizarse.





viernes, febrero 25, 2011

Devolver o alterar el orden (a una serie)




Qué es lo que hace que me incline por un orden, que escoja una u otra secuencia?





miércoles, febrero 23, 2011

domingo, febrero 13, 2011






47. La luz: la claridad. Lo que ciega y revela a la vez. Como el lenguaje, la luz configura presencias y las disipa. La luz es la meta móvil de toda "peregrinación hacia las claridades". Pero la luz no es la transparencia. La luz es el desfiladero, la herida del ojo. La luz despedaza la unidad, la fragmenta y confunde. Mientras que la transparencia sería la posibilidad de la mirada, lo que supera el aislamiento sin regresar a la unidad: lo que mantiene la lucidez de la alteridad.

"Sabor y saber de la lengua", María Fernanda Palacios.









martes, noviembre 23, 2010

Ritos de pasaje - ID Performance 2010



Todas las culturas han desarrollado "ritos de pasaje" para simbolizar el tránsito de un status social u ontológico a otro. Se reconocen tres etapas en los ritos de pasaje: una separación del estado previo; una marginación o umbral y una integración al nuevo estado, "una mutación existencial" que implica "una muerte simbólica a la que sigue un renacimiento" como señala Mircea Eliade.

Los que sufren el rito de pasaje, no son más lo que eran, pero tampoco lo que serán. No se encuentran en ningún lugar de la estructura. En este sentido, se encuentran en un estado "liminar", fronterizo, de purgatorio, de desarraigo.

Recorrer unas pocas calles de Petare para luego "tumbar esta piñata" en una escuela, fue un intento de reflejar, al menos en parte, a través de una costumbre aparentemente pueril pero en el fondo muy agresiva, que promueve conductas violentas y de "pillaje" o "rebatiña", el desvanecimiento de nuestra ciudad.

Una golpiza sobre "nuestra" Caracas.

Caen sus restos.

Mutaremos?









Cortesía del Centro Cultural Chacao. Fotografías: Miguel González

Agradecimientos:
Al Centro Cultural Chacao: por permitirme esta primera experiencia en el Performance.
A Laura Morales Balza y María Isabel González.
...a todos los que nos acompañaron (Kevin esto es especialmente contigo).


martes, noviembre 16, 2010

martes, junio 15, 2010

La paradoja cotidiana



A mi abuela Mima y a María Isabel González Díaz,

por plantar las semillas que intentan brotar en este texto

“Sólo en un sitio puede ser derrotada una sociedad:

en el pecho de cada hombre”.

Rafael Cadenas

No sé si el letrero anunciaba “Obreros en la vía” o “Despacio. Curva peligrosa”. Había girado tantas veces en la carretera, a izquierda y derecha, que me sentía mareada. Abrí la ventana del carro para respirar el aire marino y reduje la velocidad, fijando la vista unos segundos en el horizonte.

Con los ojos húmedos, recordé que el horizonte se había caído y que esa costumbre de mirarlo cada mañana, inaugurando el día, lejos de brindarme el ancestral sosiego, ahora me producía vértigo. Mentalmente, comencé a repetir, una y otra vez, aquella oración que mi abuela escribió en una servilleta y que ella misma introdujo en mi cartera, detrás de la cédula de identidad: “Nada te turbe, nada te espante. Sólo Dios basta”.

Me reconozco entre las cuatro paredes de mi casa, en el saludo cariñoso de mis perros, en la llamada materna, en la oración antes de dormir, en el silencio. Encuentro sentido en la lectura matutina, en la taza de té o café humeante que me atempera para iniciar la jornada, en el trabajo. Me amortigua la música y la voz amada; el verde y el azul.

El carácter reiterativo de los actos cotidianos no implica monotonía, ni merma el peso específico que le otorgan a la existencia. Sin embargo, se producen en ámbitos sellados al vacío, sin un eje de bisagra que los articule con el entorno como prolongación final y necesaria para alcanzar la coherencia entre lo individual y lo social.

El devenir diario, esa corriente subterránea que configura identidades a través de formas de relación, vive un punto de quiebre. Tamizados por una red de balas perdidas que silban agudas rozándonos el pecho, amenazadas la libertad y las garantías básicas que debería proporcionar cualquier sociedad sana, los vínculos primarios, consolidados a partir de los afectos como asidero vital, mutan al llegar al umbral de las interacciones colectivas, en un canibalismo progresivo.

A tiempo completo, esquivamos autobuses, peatones audaces y espejos retrovisores a través de ajustados pasillos cinéticos cuyo brillo genera la ilusión de desplazamiento. La superación de obstáculos resulta absurda a la luz de un terco semáforo en amarillo.

Colectivamente, asistimos al reverso de la cotidianidad, entendida como una dialéctica común, humana, respetuosa, expansiva, generosa y tolerante con “el otro-yo mismo”. Nuestra personalidad, como mecanismo de defensa ante la barbarie social, se polariza, alienándonos a tal punto que parecemos espectros a control remoto. Somos víctimas de una corriente alterna. Habitamos compartimientos aislados, antípodas, con reglas de juego diametralmente opuestas.

Eduardo Sánchez Rugeles, escritor venezolano y docente en nuestras escuelas por varios años, pronunció palabras muy pertinentes al recibir el premio Arturo Uslar Pietri por su novela “Blue Label/Etiqueta Azul”, señalando los principales ingredientes del caldo social venezolano y sus terribles consecuencias:

“Quizás, como salubre ejercicio de madurez y catarsis, sea necesario reconocer que nuestro verdadero patrimonio es el de la tristeza; una tristeza que se funda en la imposibilidad de diálogo, en el elogio permanente de la burla, en el miedo a los otros, la espontánea desconfianza y la feliz ignorancia que ha dado lugar a aquello que, con orgullo impostado, hemos definido como viveza; dudoso atributo que, en el fondo, no es otra cosa que la lenta agonía de nuestra eticidad”.

El intercambio social niega los puntos cardinales que orientan la cotidianidad íntima, familiar, cuya esencia es el amor al prójimo, asumido, me atrevo a decir, desde la perspectiva cristiana como filosofía de vida y no como religión, cuyas connotaciones sectarias serían inevitables. Un amor tan consciente del otro como de uno mismo. Me pregunto hasta qué punto podrá ella, la cotidianidad íntima, resistir estos embates, manteniéndose fiel a sí misma; hasta qué punto será capaz de contrarestarlos y recuperar espacios. O si por el contrario, está definitivamente sentenciada a muerte, y terminará siendo aniquilada, luego de esa lenta agonía que describe Sánchez Rugeles. O incluso, si todo esto no es más que una conversación de velorio antes del entierro formal.

La cinta de Moebius, descubierta por los matemáticos alemanes August Ferdinand Möbius y Johann Benedict Listing en el año 1858, constituye una esclarecedora analogía de la integración cotidiana. Para construirla, se juntan los extremos de una tira de papel dando media vuelta a uno de ellos. Si se aplica color a su superficie comenzando por la aparente cara exterior, al finalizar, queda pintada toda la cinta, por lo que carece de sentido hablar de una cara interna y otra externa. Si se recorre su borde con los dedos, se alcanza el punto de partida, sin ruptura de la continuidad. Una persona que camine sobre la cinta, llegará también al punto inicial pero su orientación se habrá invertido.

La vinculación cotidiana, a cualquier nivel, debería tener una sola cara y un solo borde, proyectando, como sucede cuando la luz dibuja sobre la retina, imágenes en espejo. La inversión de la imagen denotaría tan sólo una variación del contexto, no una contradicción.

La señal a orillas de la carretera decía “Obreros en la vía”. Generaciones de hombres y mujeres sudorosos, reconciliándose arduamente entre sí y con el entorno, abrían caminos entre la maleza hacia el horizonte caído, en una misión descomunal de rescate.

Sonreí y apagué el motor. Esa era la única vía posible.



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A mi papá, por sus ojos acuosos frente a la imagen.