




una cara, un borde

Volar se me hace difícil
Regreso. Suspiro antes de caminar. Los balcones se abren brotan gotas. Por las orillas de mi vientre he buscado nenúfares en cada semáforo. Nadie comulga. Las calles de esta ciudad ansiosas sin sombras son zancudos patas de acero sonetos sin fondo. Los capullos de mis árboles no hay quien los riegue. Volar se ha vuelto heróico. Apices de neones sin aromas. Incauta rezo con mis almohadas. Reintegro cuatro cardenales. Un norte amalgama mi niñez con preces. Papas cocidas despliegan el sur. Y el oeste de mis padres concilia mi oval mariposa contigo sin ti. Conmigo sin mí. Volar se torna indispensable. Salvarme a pesar del rodapié y de sus texturas. Nacer cada día. Me asustan mis antepasados. Sus fundas sin tela cardinan mi alma. Sus codos vierten sombras. Tal vez volar sí sea la única verdad. Entonces la premura son lo púrpura y las cuatro esquinas donde duermo. Doblo la luz rememoro a San Juan a Ezequiel y tras ellos de reojo me lavo la piel me miro en el espejo. Volar siendo así es simple. El útero está en mí. Difícil es un adjetivo sin diccionario en el idioma de las aceras que lindan nuestros sueños.
Paola Restrepo
Octubre 2009

HACE ALGÚN TIEMPO SOLÍA DIVIDIRME…
Hace algún tiempo solía dividirme en innumerables personas.
Fui sucesivamente, y sin que una cosa estorbara a la otra, san-
to, viajero, equilibrista.
Para complacer a los otros y a mí, he conservado una ima-
gen doble. He estado aquí y en otros lugares. He criado espec-
tros enfermizos.
Cada vez que tenía un momento de reposo, me asaltaban las
imágenes de mis transformaciones, llevándome al aislamiento.
La multiplicidad se lanzaba contra mí. Yo la conjuraba.
Era el desfile de los habitantes desunidos, las sombras de
ninguna región.
Ocurría al final que las cosas no eran lo que yo había creído.
Sobre todo, me ha faltado entre los fantasmas aquel que ca-
mina sin yo verlo.
Tal vez el secreto de lo apacible esté allí, entre líneas, como
un resplandor innominado, y mi soberbia injustificada ceda
el paso a una gran paz, una alegría sobria, una rectitud inme-
diata.
Hasta entonces.
Rafael Cadenas