una cara, un borde

sábado, abril 10, 2010

miércoles, marzo 24, 2010

126. (Venezuela se escribe con "V" de "vegetativo", desafortunadamente)


"Tengo grandes momentos de parálisis. No es que, como todo el mundo, vaya dejando pasar los días para responder con una simple postal la carta urgente que me escribieron. No es que, como no lo hace nadie, aplace indefinidamente lo fácil que me sería útil, o lo útil que me resultaría agradable. Hay más sutileza en mi desentendimiento conmigo mismo. Me paralizo en el alma misma. Se produce en mi una suspensión de la voluntad, de la emoción, del pensamiento, y esta suspensión dura largos días; sólo la vida vegetativa del alma -la palabra, el gesto, la costumbre- me sirven para expresarme ante los otros y, a través de ellos, ante mi.

En esos períodos de sombra, soy incapaz de pensar, de sentir, de querer. No sé escribir más que guarismos o líneas. No siento, y la muerte de alguien a quien amase me produciría la impresión de haberse realizado en una lengua extranjera. No puedo; es como si durmiera y mis gestos, mis palabras, mis actos más seguros, no fueran más que una respiración periférica, instinto rítmico de no sé qué organismo.

...

Sea como fuere dejo que así sea. Y al dios, o a los dioses que pueda haber, alargo con mi mano lo que soy, conforme manda la suerte y el azar ejecuta, fiel a un compromiso olvidado."

Libro del desasosiego. Fernando Pessoa.



domingo, febrero 28, 2010

Luz de taxi






Este video fue filmado en la ciudad de Buenos Aires el día 4 de enero del 2010.

Habla, con nombre y apellido, Jesús Alberto Saurín.

domingo, febrero 21, 2010

Dos atentados contra el tiempo



I
(Palabra)

Imaginemos el grito
que fecundó por primera vez la retina de un hombre
y abrió de golpe sus labios

un grito a imagen
de otro desperdigado por el cielo
que sólo mucho después se llamó relámpago.

Con los años y las migraciones
(que son lo mismo)
su piel fue castigada por nuevas bocas

hasta adquirir contornos definidos
vestirse de sílabas
y olvidar su primera geometría
ilimitada.

Así el grito, ahora palabra
viajó aferrado a la espalda de caravanas e invasiones
junto a mercaderes que cambiaban almas por seda

y vió el imperio de otros soles
atravesó el laberinto sin paredes del desierto
conoció selvas que le llenaron los ojos de lluvia.

Y aun hoy sigue su peregrinar
usurpando la fe cruel de las montañas
o los recuerdos diluidos por el viento
entre los bosques

condensando en sus venas
la existencia de aquel primer hombre
que la conoció cuando era miedo
cuando era temblor en los huesos de la tormenta
cuando era relámpago.


Adalber Salas Hernández




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A mi papá, por sus ojos acuosos frente a la imagen.